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El estudio mundial sobre homicidio del año 2013 recientemente presentado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) pone en evidencia la situación de las mujeres con respecto al homicidio, permitiendo desmitificar algunas concepciones sobre este tema mantenidas.

En primer lugar, el estudio hace una ruptura con las investigaciones tradicionalmente desarrolladas sobre temas como el homicidio, criminalidad y seguridad, en las cuales generalmente las cifras con perspectiva de género son excluidas al considerar que la proporción de mujeres víctimas y victimarias son tan poco representativas en relación a las cifras protagonizadas por hombres que no vale la pena incorporarlas.

En segundo lugar, pone de manifiesto -si bien no de manera explícita-, dos formas de victimización de las mujeres, pues si bien es cierto que, en lo que refiere las cifras globales, las mujeres representan el 21% de muertes por homicidio, es decir, de víctimas directas, específicamente 28% en Europa, 29% en Asia, y el 12% en América, también es posible afirmar que se convierten en víctimas secundarias al sobrevivir y demandar justicia por los hombres (padres, hermanos, hijos, esposos, novios, compañeros) cuya proporción de victimas de homicidios asciende a 8 de cada 10 personas asesinadas.

Este informe también pone sobre la mesa el polémico feminicidio, argumentando que en el contexto familiar y de relaciones de pareja las mujeres están en un riesgo considerablemente mayor que los hombres, consideraciones fundamentadas en el hecho de que durante el año 2012 o último año del que se dispone información por región, 43.600 mujeres, las cuales representan el 14% de los homicidios a nivel mundial, fueron asesinadas por compañeros íntimos y familiares, específicamente 19.700 mujeres en el continente asiático, 13.400 en África, 6900 en América, 3300 en Europa y 200 en Oceanía.

Es decir, casi la mitad 47% de todas las víctimas femeninas en 2012 fueron asesinadas por sus esposos, conyugues, novios, compañeros íntimos o familiares, en comparación con menos de 6% de las víctimas masculinas, hecho que pone en evidencia que mientras una gran proporción de mujeres son convertidas en víctimas por parte de quienes se esperaría que las protegieran, a la mayoría de los hombres los asesinan personas que quizá ni siquiera conocen, principalmente asociados al crimen organizado, violencia de pandillas y conflictos interpersonales.

Además, este estudio toma en consideración el grupo etario, visibilizando que, de la totalidad de personas asesinadas 8% de ellas son mujeres con edades oscilantes entre los 15 y 29 años de edad, frente a un 13% de mujeres mayores de 30 años, las cuales se presentan como el grupo en mayor riesgo al constituir el grupo con mayor probabilidad de encontrarse en una relación de pareja estable.

En tercer lugar, el estudio mundial sobre homicidio del año 2013 presentado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), contribuye a desmitificar la idea de que las mujeres son solo victimas en lo que refiere la consecución de delitos y la perpetración de homicidios, pues si bien, cerca del 95% de los homicidas son hombres, porcentaje más o menos constante de país a país y entre regiones, independientemente de la tipología de homicidio o el arma empleada, las mujeres también son capaces de participar en la comisión de homicidios, apareciendo a nivel global un 5% de mujeres victimarias, específicamente 8% en Europa, 5% en Asia y un 4% en América.

Finalmente, vale la pena destacar que el porte o tenencia de armas de fuego incrementa significativamente la condición de riesgo y victimización directa o indirecta, real o potencial de hombres y mujeres, dado que, de las cifras globales correspondiente al año 2012 o ultimo año de información disponible, el 41% de los homicidios se perpetraron con armas de fuego, destacándose entre estos América con un 66% del uso de armas de fuego para la comisión del delito de homicidio.

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