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“Una mujer que no se gusta a sí misma, no puede ser libre,
y el sistema se ha encargado de que las mujeres,
no lleguen a gustarse nunca”
(Beatriz Gimeno)

La belleza del siglo XXI puede definirse como una belleza mercantilizada, seriada, reproducible, uniforme, estandarizada, masificable y descartable, en consonancia con el proceso de racionalización, mercantilización, industrialización y tecnificación de la sociedad.

No obstante, en el proceso de establecimiento de estas nuevas dinámicas y relaciones, a las mujeres, principalmente, se les convirtió en consumidoras de belleza, creadoras, hacedoras, representantes de belleza; y donde a los hombres por el contrario, se les convirtió en receptores de belleza, espectadores, pese a que en las últimas décadas, a través de la industria de la belleza también han sido promovidos estereotipos de belleza masculinos.

En la actualidad, el proceso de definición y valoración de la belleza ya no es subjetivo, individual y particularizado como en el pasado, por el contrario, es intersubjetivo, es decir, debe responder a un criterio y valoración compartido por todos, e instaurado desde el exterior, fundamentalmente a través de los agentes socializadores, siendo de acuerdo a ello, que se han institucionalizado mecanismos de medición e instrumentalización de la belleza, fundamentalmente femenina, entre los cuales es posible considerar los concursos o certámenes de belleza, en los cuales fundamentalmente las mujeres son expuestas para la valoración, calificación y cuantificación de su cuerpo.

Evidenciamos un proceso de popularización de la belleza a través de medios audiovisuales, como el cine, la televisión, la radio, mediante medios impresos como revistas y la publicidad transmitida a través de ellos, así como, la difusión y transmisión de nociones sobre lo estético y lo no estético a través del ciberespacio.

Pero también presenciamos la representación del cuerpo femenino en figuras y juguetes dirigidos a las niñas y adolescentes, lo que contribuye a la representación de modelos de belleza ficticios e inalcanzables, creando las condiciones para la sobrevaloración y distorsión de la belleza, así como, un significativo impacto en la estructura socio-psicológica de las mujeres, lo cual se hace manifiesto en la consecuente búsqueda de la perfección corporal.

A razón de ello, es posible afirmar que, la nueva belleza se caracteriza por:

1. La subvaloración del cuerpo biológico, en correspondencia a la lógica de la modernidad, de control de la naturaleza. Desde esta perspectiva el cuerpo es concebido como partes, modificables, intercambiables e intervenibles, estableciendo así el culto al cuerpo como fenómeno social.

2. La belleza se concentra en la ausencia de defectos, las características neonatales y la eterna juventud son aspectos considerados altamente atractivos. El mercado de la belleza está dirigido a las jóvenes, y a promover la ilusión de la juventud en quienes ya no lo son, razón por la cual las mujeres adultas son desplazadas, obviadas en la publicidad y en la industria de la belleza.

3. La exacerbación y profundización del rechazo a la “fealdad”, la cual históricamente se ha definido como aquella propiedad de una persona o cosa que no es agradable a la vista, capaz de producir displacer, considerado poco estético, repulsivo, disonante, y que en la actualidad se constituyen como elementos para la construcción de estigmas.

4. La exclusión de toda belleza alternativa a la europea, lo diferente no es bello, lo cual se hace manifiesto mediante la exclusión o limitada presencia de diversidad racial, étnica y fenotípica en la industria de la moda y publicitaria.

5. La definición de un canon de belleza para las mujeres fundamentado en una figura escultural, esbelta, de alta estatura, delgadez extrema, piel tersa y bronceada, nariz pequeña, boca grande y labios gruesos, medidas publicitarias (90-60-90), senos grandes, firmes, vientre liso, cabello largo y de apariencia juvenil. En el caso de los hombres, el ideal de belleza masculino se establece una imagen atlética, estatura alta, mandíbula marcada, espalda ancha y piernas largas.

Este hecho fue posible constatarlo a través de la realización de una encuesta electrónica, a través del blog estherpinedag.wordpress.com, en la que pudieron participar de forma anónima 150 mujeres, de distintos países, ciudades, edades, características e intereses; y que nos permitió trascender la reflexión en términos teórico, así como, aproximarnos y dar cuenta de un fenómeno social de gran importancia en la actualidad.

Allí pudimos evidenciar que, de las 150 mujeres encuestadas, solo 17 afirmaron estar satisfechas con su cuerpo, 5 de ellas afirmó no gustarle nada de su cuerpo, y las 128 restantes perciben su cuerpo de forma desfragmentada, indicando solo algunos elementos o “partes” con las cuales se sienten cómodas.

De igual forma, de las 150 mujeres encuestadas, 30 de ellas afirmaron que no les gustaría cambiar nada de su cuerpo, las 120 mujeres restantes, mencionaron les gustaría cambiar de su cuerpo: Nariz, orejas, piernas, abdomen, piel, brazos, glúteos, senos, estatura, cabello, espalda, hombros, caderas, pies, rostro, cintura, vientre, labios, labios vaginales.

Además de ello, 12 de las mujeres participantes en el cuestionario reconocieron haberse realizado alguna modificación estética, entre ellas: mamoplastia, inyección de acido hialurónico en el rostro, rinoplastia, implantes de pantorrillas, lipoescultura; aduciendo como motivación para su realización, bullying, presión familiar, miedo al rechazo, complejo, necesidad de sentirse más cómoda con el cuerpo, así como, imitación de la publicidad.

De las doce mujeres encuestadas que se realizaron alguna modificación estética, solo 4 de ellas tuvieron consecuencias o reacciones adversas posteriores a su intervención, principalmente deformaciones, asimetrías, cicatrices, entre otras.

Por su parte, 138 de las mujeres encuestadas que no se han realizado procedimientos estéticos, 56 de ellas si estarían dispuestas a realizárselos, no obstante, pese a no conocer los riesgos asociados de las modificaciones estéticas, 27 de las mujeres encuestadas se someterían a una intervención quirúrgica de tipo cosmética estética sin información.

Estos hechos en su conjunto ponen de manifiesto la definición arbitraria de normas estéticas para la transformación del cuerpo, las mutilaciones y reemplazo del mismo, pero también evidencia la ausencia de cuestionamiento y resistencia de las personas al despotismo ideológico de la belleza instaurada.

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