Esther Pineda G.
Socióloga
Magister en Estudios de la Mujer
estherpinedag@gmail.com

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En nuestras sociedades modernas, el amor se presenta como núcleo central de la vida, como imperativo, como necesidad impostergable, irrenunciable, como demanda y exigencia, es decir, como motivo y objetivo de la acción social. Sin embargo, pese a la multiplicidad de reflexiones, postulados y disertaciones realizadas y propuestas sobre el amor, la mayor parte de los sujetos constitutivos de la organización socio-cultural, continúan sin comprender que es y en que consiste el amor.

Desde mi perspectiva, al amor le puede ser adjudicado una condición pancultural y ahistórica, es decir, el amor presente a lo largo del proceso histórico social y en sus diferentes formas organizativas y expresiones culturales. Es decir, el amor siempre ha formado parte de nuestra sociedad y nuestros procesos interactivos, todos los seres humanos aman, han amado, han sido o son amados en algún momento de su vida.

Ustedes se preguntaran entonces, porque si todos los seres humanos amamos y hemos sido amados, es el amor objeto de estudio y reflexiones, lo cual puede explicarse por cuatro razones:

 Porque el amor se encuentra lleno de encuentros y desencuentros, de éxitos y fracasos, de atrevimientos y de miedos, de amores y desamores, emociones y situaciones que afectan al individuo en su dimensión física y psicológica

 Porque nuestra sociedad ha configurado arbitrariamente los diferentes ámbitos de nuestra realidad, siendo la dimensión de los afectos y la emotividad uno de ellos. El amor ha sido predeterminado y con ello nuestras formas de expresarlo, sentirlo, materializarlo.

 Porque el amor se ha constituido como el elemento fundamental y núcleo central de la vida de los individuos lo cual puede definirse como patología (en términos psicológicos) y como una sociopatía (desde una perspectiva sociológica), es decir una desviación; en este caso una desviación impuesta socialmente y que al haber sido socializada masivamente y naturalizada en el entramado social ha perdido su carácter patológico y sociopático.

 Porque se ha privilegiado el amor romántico desestimando otras formas de amor, socializando la soledad como símbolo de fracaso, la cual habrá de ser despreciada pero sobre todo temida, por lo cual se incitará vehementemente al sujeto a la búsqueda del amor romántico, cuya dificultad de encontrar se constituye como generadora de conflictos, trastornos, intrigas y desavenencias.

El amor es una emoción, emanada de los sujetos que de la interacción participan, por lo cual el amor no es solo uno, son múltiples y diversas las emociones emanadas y formas de amar, como múltiples los sujetos participes de dichas emociones.

Pero el amor, al ser fundamentalmente definido como un sentimiento, afecto, emotividad, se asocia a las pasiones humanas, es decir, a la irracionalidad. ¿Es entonces el amor irracional?

Es posible distinguir en líneas generales dos formas de amar, una irracional y una racional:

El amor, en algunos casos se nos presentan como socialmente dados, es decir, el amor, como imposición. Un ejemplo de ello ha de ser el amor de los hijos por su padre y su madre, en el cual, el sujeto a amar, se encuentra previamente predeterminado, existe incluso antes que el sujeto amador, a quien se le exige socialmente amar al sujeto amado (al que no ha elegido) en respuesta a la expectativa social. Esta forma de afectividad puede reconocerse como un amor irracional, al ser dado desde afuera, el cual no debe ser cuestionado y cuyo cuestionamiento desencadenaría la sanción social por la transgresión de la expectativa social.

Sin embargo, también será posible identificar formas afectivas que no proceden de una imposición externa, por el contrario, pueden ser reconocidas como prácticas amatorias racionales, pues responden, -si bien en el contexto constricto y condicionado en el que se desenvuelve la acción social- a un proceso de libre elección.

Entre ellos es posible reconocer el amor romántico y el amor de la amistad, relaciones que en mayor proporción en el pasado tuviesen un carácter impuesto, encontrando fuertes restricciones de establecimiento fundamentalmente por la pertenencia a una determinada clase social, género, etnia, raza, entre otras, en la actualidad el establecimiento de estas relaciones afectivas responde en mayor medida a los intereses, necesidades y disposición y criterios de los sujetos que participan de la interacción afectiva. Es decir, el sujeto amado, pareja romántica y/o amigos, serán elegidos por el sujeto amador, este proceso de elección, supondrá en sí mismo un acto de racionalidad y libertad.

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Pero este amor, no está desprovisto de ideología, en esta elección aparentemente libre y racional del sujeto intervienen los condicionamientos sociales, como la clase social, el género, y la preferencia sexo afectiva.

El amor romántico occidental, nos ha sido históricamente socializado como un amor necesariamente monógamo, heterosexual, sexualizado, reproductivo e inscrito dentro de las nociones de propiedad, es decir, el amor nos ha sido dado, construido desde afuera, se presenta una única forma de amor y de amar, creando en los sujetos la necesidad de una pareja, amar y ser amados. Es decir, hemos sido despojados de la posibilidad de construir nociones y experiencias propias de amor, que respondan a los intereses y necesidades reales de los amantes.
En la organización socio-cultural actual, el amor socializado, promovido y exigido socialmente es un amor físico, sexual, se desestima el amor fundamentado en la afinidad, espacio común de los amantes. Se socializa la sexualidad y el placer solo en pareja, excluyendo otras formas de manifestación de la sexualidad, El autoerotismo o el sexo en grupo será desprovisto de cualidades y capacidades amorosas, considerado en el menor de los casos “no sexo”, en el mayor de ellos una “desviación”, al no responder a los parámetros socialmente establecidos que definen el sexo como expresión del amor romántico, dual, reproductivo, monógamo y heterosexual. Se excluyen formas no tradicionales de amor, entre ellas, el amor por sí mismo, es decir, aquel donde el sujeto amado es el sujeto amador, como también se excluye el poliamor, el cual puede definirse como aquella forma de organización del amor en la cual el sujeto amador posee abierta y públicamente varios sujetos amados.

Así mismo, el amor es promovido de forma disímil en hombres y mujeres, para ellas la renuncia, la devoción, la obligatoriedad de ceder posiciones de poder como premisa máxima, lo presupuesto, la adaptabilidad a lo definido y establecido por otro ser humano, siempre varón.

La adaptabilidad de la mujer a los criterios amatorios del hombre la harán digna y merecedora de amor, por el contrario, la crítica, rechazo y renuencia de adaptabilidad a las exigencias amatorias de ese hombre, tendrá como consecuencia la renuncia de consideración de esta mujer inadaptable como objeto amoroso. La ternura, la candidez, la delicadeza, la pasividad, la ingenuidad, la ignorancia, la asexualidad, la ausencia de perspicacia, la timidez, la inseguridad, la debilidad, la dependencia, entre otras, son aquellas características que históricamente se ha dicho debe poseer una mujer para ser considerada y valorada socialmente como tal, una mujer que cumpla con dicha tipificación merece ser amada, pues se adecua a los parámetros establecidos e incuestionablemente introducidos por la masculinidad sobre el destino de la feminidad. La actividad, autodeterminación, la seguridad, independencia en la mujer serán entendidas como conductas y prácticas “contra amatorias”, toda conducta divergente, cuestionadora de esta feminidad dirigida, será asumida como una desviación de la expectativa social y por tanto del criterio amatorio.

La mujer ha sido socializada para la búsqueda de su “príncipe azul”, fuerte, viril, protector, activo, dominante, valiente, proveedor, romántico, pero también para su anulación en el ejercicio amatorio, pues el principio amatorio se organiza en torno a la promesa, la renuncia, la entrega, la abnegación, la construcción de futuro, futuro que implicará la renuncia a un futuro propio y la adaptabilidad al ideal de futuro del “otro” siempre varón, como directriz de vida en común.

Estas nociones, expresiones y manifestaciones de amor, son fundamentalmente transmitidas, promovidas y reproducidas por los medios de comunicación y difusión masiva, además de haber sido monopolizadas por el mercado capitalista, pues en nuestra sociedad actual, el amor se expresa y se manifiesta a través de objetos y artículos de consumo, es decir, el amor se ha establecido como acto consumista, consumimos el amor. El amor ha dejado de sentirse, de manifestarse de manera afectiva, el amor ya no es sentido y vivido, el amor es consumido, a través del consumo experimentamos el amor.

En una relación afectiva que se inicia y establece, la atención de los amantes se concentrará en la búsqueda de mecanismos, objetos y situaciones consumibles a través de los cuales expresar su amor, con los cuales se intenta transmitir el interés que en la persona amada se tiene.

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Los medios de comunicación y difusión masiva, en primera instancia venderán el amor; a través de su programación, nos hacen desear el amor, querer enamorarnos, haciéndonos sentir que el amor es y debe ser el núcleo de nuestras vidas. Pero los medios además de vendernos el amor, promocionarán el objeto de amor que debemos amar, no será cualquiera, ni aquel libremente elegido por nosotros, será aquel objeto de amor impuesto por el sistema, poseedor de unas características y cualidades, físicas y económicas específicas y que responda al canon establecido.

Posterior a haber sido promocionado y direccionado este objeto digno de amor, nos será vendido y promocionado las formas para conquistarlo, el mercado no solo nos dirá que es el amor, a quien amar, sino también como llegar a él, como conseguirlo, obtenerlo, desde una lógica de mercado, en la cual el sujeto de amor es una mercancía adquirible.

Ahora bien, luego de que nos han sido vendidos todos estos objetos y artimañas que nos permitan obtener a nuestro preciado objeto de amor, luego de que a través de ellos lo hemos conseguido, ahora será necesario demostrar y mantener nuestro amor, allí estará el mercado capitalista del amor, ávido de enamorados deseosos de expresar su amor, a quienes les venderá no solo formas para manifestarlo sino también espacios para vivir el amor, es decir, el mercado además le dirá a los enamorados que necesitan manifestar su amor, de lo contrario podría perder a su objeto de amor al cual con tanta dificultad ha conseguido.

Pero el mercado del amor no solo será el consumo de lo publicitado como necesario para enamorar y mantener enamorado al sujeto de amor, el amor mismo será un mercado, donde los sujetos en el intercambio interactivo se ofertan, cotizan y deprecian cual mercancía al no cumplir con la expectativa de amor, donde la selección de un objeto amoroso distinto al socialmente promovido es concebido como un acto subversivo.

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A partir de todo lo expuesto aquí, ¿es posible inferir sobre la imposibilidad de amar? Es posible afirmar que no existe tal imposibilidad de amar y ser amado, las limitaciones amatorias de los sujetos responderán a la dificultad de identificar o percibir al sujeto a amar el amor estará latente en las personas y espacios donde se desenvuelven los procesos de interacción; desde esta perspectiva, todos y todas los sujetos somos dignos de amor, por lo cual corresponde al sujeto reconocer, percibir e identificar entre esa multiplicidad de sujetos dignos de amor aquel que se adecue a sus intereses y necesidades reales e individuales, haciendo ruptura con el sujeto ideal digno de amor impuesto por el sistema capitalista patriarcal heteronormativo.

Finalmente, se hace necesario deconstruir el imaginario de amor, su discurso, sus prácticas castrantes y opresoras, desarticular la economía del amor, es decir, todo el sistema de productos y servicios consumidos y consumibles, socializados como necesarios para la manifestación afectiva, desaprender la manifestación del amor en términos de mercado, y su consecuente redefinición en términos no económicos, no comerciales, es decir, un amor no mediado por el capital.

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