carcel[1]

Después de muchos años bajo custodia en la celda de aislamiento a sentimiento le fue dada un día su libertad condicional, la cláusula era simple, sentimiento no debía perjudicar a nadie, debía dar lo mejor de si pues era parte del programa de regeneración, pero el más importante y recomendado por todos tanto libres como reclusos era volver a sentir.

Que miedo sintió sentimiento al volver a verse en libertad, sin cadenas, sin limites, busco a quienes habían sido sus compañeros durante mucho tiempo, rencor y desconfianza, para reencontrarse con ellos, sin embargo, al llegar al callejón donde siempre habitaron descubrió que habían muerto.

Así sentimiento siguió por el vecindario, temeroso de la libertad de la cual ahora gozaba, desprotegido, siendo allí donde conoció por casualidad a esperanza cuando menos lo esperaba.

Y fue en ese momento en que sentimiento se dio cuenta de que estaba listo para volver a vivir, donde se dio cuenta que los años en prisión si habían hecho efecto en el, que si había cambiado, y estaba listo para reintegrarse.

Allí sentimiento le contó todo a esperanza, sin reservas, quien había sido, porque había estado bajo custodia, sin obviar nada, pues creyó que ella merecía saberlo todo. Sentimiento vio en los ojos de esperanza esa inocencia de la que carecía, que había perdido, y que incluso en prisión había olvidado que existía.

Sentimiento luego de tantos años volvió a sentirse cómodo, libre, seguro, y cansado de los recreos en el patio de la prisión, le pidió a esperanza su compañía, ya no le bastaba con el fugaz placer de una visita conyugal, quiso que permaneciera a su lado, para construir de su mano ese nuevo sentimiento en quien se había convertido, no era suficiente un cuerpo libre si su alma aun permanecía en custodia.

Pero sentimiento se equivoco, esperanza era igual a todas, igual a desdicha por quien terminase en prisión, esperanza solo quería experimentar y conocer de cerca a quien había estado en prisión, huyendo sin dejar rastro.

Sentimiento se quedo allí, inmóvil, decepcionado, pero además sintiendo la culpa de quien ha matado y debe entregarse a la ley, como quien no puede ser perdonado ni por si mismo.

Hoy los barrotes de la celda no le impiden su libertad, sentimiento ya no la necesita…

Esther Pineda G
estherpinedag@gmail.com

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