Esther Pineda G
Socióloga
Magister en Estudios de la Mujer

medios

La violencia contra la mujer no se suscribe solo aquella violencia física, bélica e institucional, la mujer ha sido y continúa siendo víctima de múltiples y repetidas formas de violencia, visibles o no, al haber sido definida como diferente, inferior y por tanto vulnerable.

Esta infravaloración de la mujer, aunada a su sistemática cosificación y objetuación en los medios de comunicación y difusión masiva, impulsan y promueven concepciones deformadas de la feminidad; donde de acuerdo a los criterios de una lógica patriarcal capitalista, la mujer al ser concebida como un “objeto” físico y simbólico, se transmite en el imaginario colectivo la idea de que el hombre no necesita su aprobación para “usar” su cuerpo, pudiendo por tanto ser alquilada (mediante la prostitución) o simplemente apropiada y adquirida de forma arbitraria (por medio del abuso sexual y la violación).

Pero en una sociedad donde los criterios sobre que es una transgresión a la norma y que no lo es, han sido sin duda definidos por la heteropatriarcalidad, y en la cual toda trasgresión de la norma por parte del patriarcalismo ha estado tradicionalmente amparado por un marco jurídico androcéntrico permisivo y exculpatorio, los varones, y los medios de comunicación y difusión que estos en su mayoría dirigen, desestiman el carácter infractor de la cosificación, objetuación y abuso sexual contra la mujer transmitido en su programación.

Se justifica y evade la sanción apelando a la perversidad de la mujer, concebida y representada en los medios de comunicación y difusión masiva no como víctima, por el contrario, como victimaria, incitadora al pecado, lujuriosa y de insaciable sexualidad, capaz de incitar al hombre al delito, excitando su libido a través de ardides, seducciones y atuendos provocativos, haciendo impostergable la satisfacción de su deseo.

No obstante, el abuso no consentido de la corporeidad es, ha sido y continúa siendo violencia, lo que se ha trasmutado en la línea histórico social serán los mecanismos a través de los cuales se incita, promueve, realiza e institucionaliza el abuso sexual contra la mujer, y donde los medios de comunicación y difusión masiva tienen en la actualidad significativa influencia.

Pese a ello, todo tipo de violencia contra la mujer constituye una violación a sus derechos, razón por lo cual los Estados deben garantizar el derecho de la mujer a la libertad y seguridad de su persona, condenando y sancionando todo tipo de violencia contra la mujer, así como, facilitando los medios para su prevención y erradicación.

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