Esther Pineda G
Socióloga
Magister en Estudios de la Mujer

CorazonRoto

El desamor puede definirse como la pérdida del amor, su declive, el derrumbe de los objetivos de vida planteados con otra persona, es uno de los sentimientos que tiene mayor impacto en la vida de los individuos, pues supone el fracaso de su proyecto amoroso y de sus cualidades como amador. No obstante, el desamor como hecho social, puede explicarse como consecuencia del proceso de socialización de occidente, en el cual la vida debe organizarse en torno a proyectos y metas a corto, mediano y largo plazo, pues una vida sin proyectos de esta naturaleza, es concebida como una desviación de la expectativa social.

De este modo, el amor romántico socialmente difundido, de acuerdo al mandato social, también debe organizarse como un proyecto, pero en este caso, a largo plazo, cuya meta según lo socialmente promovido es la obtención de la felicidad, la cual ha de ser proporcionada por otro persona mediante el establecimiento de una relación amorosa y el adecuado desarrollo de las prácticas a ella asociadas. Es así como, este proceso de socialización al que están sometidos los sujetos en esta forma de organización social los lleva necesariamente a la búsqueda del amor con fines prolongados.

Sin embargo, el amor como todos los hechos y situaciones de carácter social acaban en algún determinado momento, las relaciones sexo-afectivas terminan ya sea por no ser correspondido, por ser engañado, por el desgaste natural de la relación, o por las múltiples razones que pueden llevar al desenlace del amor, sin embargo, en el proceso de socialización al que está expuesto el sujeto a través de los diversos agentes socializadores, se le ha enseñado a amar, a quien amar y como amar, pero no ha sido preparado para enfrentar el desamor, por el contrario, se ha introducido en el imaginario colectivo la condición de finitud e inacabamiento de la relaciones y prácticas amatorias.

El sujeto al haber sido socializado para un “amor eterno”, se encontrará desconcertado al generarse la inevitable ruptura y desenlace de su relación de amor romántico, la cual para este supondrá el fracaso de los proyectos y metas hasta el momento definidos con el sujeto amado.

De esta manera, la afectación emocional producida por el desamor, no proviene de la pérdida del sujeto amado específico, por el contrario, es producto de ver desecha la ilusión socialmente promovida del amor finito y del fracaso de los proyectos de vida que el sujeto amador se propuso. Esta pérdida del amor, del sujeto amado específico, lleva además al sujeto amador al cuestionamiento de sí mismo, de sus cualidades como persona, así como, sus capacidades amatorias.

El sujeto amador se niega a creer que el amor no sea “para siempre”, se siente culpable de no ser amado, y a su vez incapaz de amar, al ver que sus esfuerzos amatorios no dieron el resultado esperado, por lo cual atribuye su fracaso amoroso a su persona y atormenta su existencia idealizando al sujeto amado perdido.

Pero, ¿Se puede no sufrir el desamor? Es posible afirmar que sí, en primer lugar mediante la comprensión del amor como un hecho social, sujeto al cambio, la transformación, el declive y la desaparición; aunado a la evitación del diseño y formulación de expectativas y proyectos con el sujeto amado antes y durante el establecimiento de la relación afectiva, lo cual facilita la efectiva y eficiente superación del desamor, pues al darse el desenlace de la vinculación amorosa, el sujeto amador no verá fracasados sus expectativas y proyectos de vida.

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