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Socióloga Esther Pineda G.
estherpinedag@gmail.com

“La sociedad no se compone de individuos aislados e independientes sino de familias” (Cicchelli, 1999, p. 40), esta familia a su vez, puede ser definida como aquella forma de organización y unidad socio-cultural de tipo cerrada (Weber, 1922) mantenida por vínculos consanguíneos o no, fundamentada en el proceso de apareamiento y reproducción (Berghe, 1979), orientada a la satisfacción sexual, afectiva y económica (Linton, 1936) (Malinowski, 1948) (Spencer, 1851) que asegura la crianza y educación de sus miembros y en la cual existe una comunidad de servicios; (Castellan, 1982) (Ackerman, 1994) (Minuchin, 1979) unidad que se ve reforzada o legitimada por prácticas de coacción, interacción, (Berghe, 1979) e intercambio (Durkheim, 1893) entre los individuos que la constituyen y la cual radica en el hogar, es decir, supone la convivencia bajo un mismo techo, en la cual como espacio plural común, el individuo va a tener contacto directo con el mundo, sus disposiciones, deberes y derechos, criterios morales, prejuicios, entre otros.

Esta familia desde el funcional-estructuralismo, es concebida como la principal correa de transmisión para la difusión de normas culturales, pues la familia se erige como mecanismo de transmisión transgeneracional por excelencia, sin embargo, existirá una constante relación recíproca y transversal entre ésta y los diversos agentes socializadores. La familia va a direccionar nuestra relación con las instituciones sociales y a su vez dichas instituciones y agentes socializadores externos, van a regular el orden interactivo entre los miembros de la familia, sus roles y valoración, más específicamente entre hombre y mujer.

No obstante, la familia, habrá de organizarse como institución anacrónica, heterodesignada, sexista, homofóbica, falonarcicista, y de la cual habrán de derivarse nuestras relaciones con el mundo, ya sean:

Relaciones económicas
Relaciones laborales
Relaciones afectivas
Relaciones sexuales

No obstante, para algunos autores, la organización familiar venezolana posee unas características y especificidades que la diferenciarán de otras formas de organización familiar presentes en América Latina y el Caribe, más aún, existirá grandes disimilitudes con la organización familiar europea y anglosajona que se ha intentado erigir como el modelo de familia por excelencia.

La familia europea y anglosajona definió su entramado organizacional en torno a la reducida lógica de la familia nuclear, caracterizada por la relación conyugal, central y monógama, grupo de tipo íntimo y fuertemente organizado, constituido por el matrimonio y sus descendientes, en la que existe una imputación filial de tipo cognaticio y cuyo modelo de residencia es de tipo neolocal, donde:

Las condiciones de desarrollo de un sentido de la continuidad de las generaciones ya no existen, se conserva muy poco o nada la memoria de los ancestros y no hay preocupación por los descendientes; la familia de este tipo de sociedad se inscribe en un tiempo corto, solo interesan los íntimos. (Cicchelli, 1999, p. 47)

La familia venezolana por el contrario, su organización, modos interactivos, valoraciones, roles y status definidos dentro de ella, van a estar condicionados por la clase social, es decir, la organización de la institución familiar venezolana no es solo una, por el contrario, dependerá de la pertenencia de sus miembros a una determinada clase social.

La familia venezolana que en la actualidad conserva elementos comunes con la familia europea y anglosajona será aquella familia de las llamadas clases altas y media, las cuales poseen un significativo apego a la tradición y el conservadurismo, y que en lo que refiere su forma organizativa ha calcado las características de la organización familiar hegemónica, es decir, aquella de tipo nuclear.

La familia en las clases populares por su parte, se caracteriza por ser de tipo extensa, constituida por la pareja, los(as) hijos(as) y sus familias bajo una misma residencia, la cual puede comprender abuelos(as), nietos(as), hermanos(as), tíos(as), primos(as), entro otros, es decir, aquella donde convergen las denominadas en la teoría parsoniana como:

 Familia de orientación, en la cual el individuo nace, crece y se desarrolla durante largos periodos de niñez y adolescencia, y donde por lo general ha de mantenerse hasta la llegada de un grado de madurez socio-económico que le permite la independencia; se compone generalmente de la madre, el padre y hermanos.

 Familia de procreación, es la forma de organización familiar que el individuo funda a partir del establecimiento marital, alcanzado un nivel socio-económico independiente; constituida tradicionalmente por los cónyugues y su descendencia, y que han de constituir la unidad familiar de la adultez y la vejez.

Ahora bien, este hecho se hará manifiesto principalmente por dos elementos:

 Por la sobrevaloración de los afectos en la institución familiar, dada fundamentalmente en Latinoamérica, y los estrechos vínculos afectivos existentes entre sus miembros, pues, “se considera que el afecto mutuo entre los miembros de la familia es la base de su solidaridad y lealtad” (Parsons, 1968, p. 52).
 Producto del limitado poder adquisitivo de esta clase popular, y la imposibilidad de obtener vivienda y costearla de manera completa por parte de la nueva familia que se establece.

La familia en su concepción abstracta, inscrita en una lógica patriarcal, como así mismo, aquella desarrollada en Europa y Estados Unidos, en su generalidad se ha organizado en torno a la autoridad y dominio del padre; pues la masculinidad ha sido entendida incuestionablemente, condicionada y legitimada a partir de la función del hombre como <>, pues “esta obligación es la que justifica su relación de padre en la filiación: es el ´padre económico` (un aspecto débil del pater propicio), después de ser ocasionalmente el padre biológico o genitor” (Hurtado, 1999, p. 39-40).

Este proveer será de tipo:

 Proveedor económico (y en consecuencia proveedor de seguridad y estabilidad para la familia)

 Proveedor de satisfacción y felicidad emocional (de acuerdo al mito de cenicienta)

 Proveedor de placer sexual (por ser el sujeto fálico)

En las clases altas y medias venezolanas el hombre, padre, poseedor de recursos y proveedor continúa teniendo autoridad, pues “la protección material incumbe al padre, ya responsable del sostenimiento de su esposa y la educación moral está a cargo de la madre” (Cicchelli, 1999, p. 80).

Así mismo, en otros casos, las familias de la clase media y alta se caracterizan por la corresponsabilidad en cuanto al aporte económico de los conyugues, y en muchos casos el ocio femenino, pues en estas clases la tenencia de recursos económicos estará estrechamente asociada a concepciones de tipo conservadoras, por esta razón, muchas mujeres de las clases medias y alta manifiestan:

Nunca haber trabajado
Trabajar posterior a la separación o fallecimiento del marido
Han pasado a depender económicamente de los hijos

Claro está que a su vez muchas mujeres han asumido en grandes proporciones la manutención económica de su familia e hijos (as), el asumir de la autoridad, sin embargo, en estas clases económicas es un hecho más frecuente en una situación de ausentismo de la figura paterna; esto responde necesariamente al hecho de que el hombre se presenta como impedimento a la realización, académica, laboral y profesional de la mujer.

El hecho de que en la familia burguesa normal, sea el hombre quien posea el dinero, ese poder que reviste forma sustancial, y disponga acerca de su empleo, hace que también en la edad moderna la mujer, los hijos y las hijas sean los `suyos´, poniendo su vida en sentido amplio, en sus manos, y obligándolos a subordinarse a su dirección y su mandato. (Horkheimer, 2003, p. 130)

Ahora bien, ¿Por qué sucede ello?, ¿Por qué el hombre impide y dificulta el desenvolvimiento de la mujer? Podemos vincularlo a que la emancipación de aquel reducido espacio que se le ha asignado, se presenta para el hombre como una amenaza, se ponen en la palestra sus temores de perder o ver disminuida su autoridad familiar, asociando directamente la independencia de la mujer con la disminución de su masculinidad.

En las familias de las clases populares por el contrario es natural la corresponsabilidad en cuanto el aporte económico de los conyugues, producto del limitado poder adquisitivo de estos y las limitaciones para cubrir las necesidades básicas.

En nuestro país, el ocio de las mujeres de las clases populares es muy bajo, estas se verán en la necesidad de asumir la responsabilidad económica de su familia, convertidas en proveedoras, producto del ausentismo masculino-paterno, además de ello, “la madre administra la disciplina, reprueba el mal comportamiento, en sí es un símbolo de ´buen comportamiento` para el hijo” (Parsons, 1968, p. 57)

Será en las familias proletarias donde se hará presente con mayor énfasis el ausentismo paterno, y el debilitamiento o inexistencia de su autoridad, ya sea en su ausencia o presencia, hecho producto de su incapacidad de ser proveedor, y por tanto la perdida de dominio y autoridad sobre el grupo familiar.

Ahora bien, ¿Que motiva ese ausentismo masculino-paterno? ¿Es la irresponsabilidad paterna constitutiva de la idiosincrasia venezolana?

Es a razón de ello, que la familia venezolana de las clases bajas o populares tendrá dos variantes o formas de organización socio-familiar:

 Familia monoparental, materna, aquella institución familiar en donde el hombre está ausente y la mujer sola a cargo de su organización familiar.

 Otras donde si bien el hombre está presente se encuentra sujeto constantemente al riesgo de ser expulsado del núcleo familiar por su incapacidad de satisfacer las necesidades económicas, sexuales y afectivas de la familia y su conyugue.

Cualquiera que sea la forma organizativa de esta familia, sea en la familia burguesa, pequeño burguesa o proletaria; el poder y autoridad del padre vendrá dado por la capacidad de dar respuesta y satisfacer las necesidades de esta familia, es decir por su capacidad como proveedor.
En la forma organizativa de la familia burguesa, la mujer siempre tendrá la posibilidad de expulsar al hombre, pero esto significaría también una ruptura con el modelo, los valores y la moral instaurada, razón por la cual muchas mujeres se abstienen, como medio de evitación de la sanción social, pues, cualquier intento de emancipación femenina, de liberación de las actividades que le han sido atribuidas, serán sancionadas según códigos jurídicos y/o morales de una sociedad específica.

Ligado a estas sanciones será mediante instrumentos ideológicos como el instinto maternal y el amor romántico, que se intentará evitar la expulsión el hombre del hogar y el mantenimiento de la mujer a un rol arbitrariamente impuesto.

Conducta a su vez legitimada por:

Tradiciones de todo tipo, dogmas y ritos religiosos, imperativos morales, leyes y costumbres, convenciones del “saber vivir”, de la “civilidad” o de la etiqueta, estilos estéticos y reglas de las diversas formas de arte, (…) sistemas económicos de producción, de intercambio y de distribución, procedimientos técnicos e incluso tecnológicos, (…) todos esos fenómenos presentan el carácter común de ejercer sobre el individuo una presión. (…) Formas que el individuo encuentra ya establecidas, “cuyo origen ignora a menudo y ante las cuales puede adoptar dos actitudes: o bien conformarse o combatirlas. (Cuvillier, 1973: 100-101)

Será este proveer el que dará sentido a su masculinidad, por ello, el hecho de no proveer o ver disminuida su condición de proveedor económico, afectivo y/o sexual para con la mujer, supondrá un nudo crítico en la estructura organizativa de la familia, al contribuir significativamente a la merma de su masculinidad, materializada en a autoridad y dominio.

¿Podríamos entonces inferir que a partir de allí radica la férrea oposición de la patriarcalidad al trabajo femenino? ¿Radica allí la oposición a la búsqueda de la mujer de otras fuentes de afecto que no sea la pareja y los hijos (as)? ¿Deviene de allí la oposición del patriarcado a la homosexualidad por ya no ser el hombre el único proveedor de placer sexual, sino que también se ha convertido en receptor?

Este hecho en su conjunto va a presentarse a la heteropatriarcalidad como la pérdida del hombre en cuanto hombre tradicionalmente concebido, el hombre se ha diluido, ya no es hombre, solo queda su fantasma, en el contexto de una sociedad que ha pasado a prescindir no solo de él y su autoridad, sino también del escenario de ejercicio de ésta por excelencia, la familia.

La familia venezolana es distinta a la familia Europea y Anglosajona, es nueva, pero, pese a ello, predominan concepciones de carácter sexista, se mantiene y persiste el temor de la madre a la homosexualidad del hijo, la exaltación del falo y de la masculinidad, pues persiste el sexismo, como mecanismo fáctico de resistencia; el patriarcado se resiste al cambio, a la novedad, a la modificación de la estructura familiar y del papel de la mujer dentro de ésta, por lo cual habrá de exaltar y promover la necesidad del hombre en las institución familiar que ha pasado a prescindir de él.

Sin embargo, el patriarcado falonarcicista no acepta su caducidad y anacronismo, ataca e intenta frenar el cambio mediante la acentuación de los aspectos conservaduristas y represivos, por lo cual proporcional a mayores cambios y avances en la situación de los géneros y más específicamente de la mujer y su salida del sometimiento del hogar patriarcal, habrán de aumentar equiparable y significativamente las prácticas sexistas manifiestas en la violencia directa e indirecta.

En la familia europea y anglosajona, los lazos familiares se han perdido, sus miembros dispersados, la autoridad del padre ha declinado. La forma organizacional de la familia Venezolana por el contrario, a pesar del sistema que la engendra y la ha intentado socavar, mantiene estrechos lazos familiares, sus miembros se han unido, la autoridad del padre ha declinado, la de la madre se ha fortalecido, es por esta razón que, la familia al igual que otras instituciones socio-culturales deben ser “repensadas individualmente, rastreadas individualmente a través de los tiempos y de los pueblos, de las grandes y pequeñas individualidades” (Nietzsche, 1999: 32)
Dando paso y reconociendo que “se están dando cambios de gran importancia en el ámbito de la sexualidad, las relaciones, el matrimonio, los roles y la familia” (Giddens, 1999, p. 65) entre los que podemos considerar:

 Las Familias Monoparentales constituida solamente por uno de los padres y sus descendientes.

 Las Familias Homoparentales como tipo de organización familiar que comprende las vinculaciones exclusivamente entre personas del mismo género y sus descendientes.

Así mismo, el surgimiento de nuevos mecanismos relacionales de la sexualidad y la relación amorosa, como las uniones libres, matrimonio ambulante, y comunidades swingers, contribuirá a socavar más aún la institución familiar clásica pese a la pretendida continuidad de dominio.

BIBLIOGRAFÍA

Cicchelli, C & V. (1998) Las teorías sociológicas de la familia. Buenos Aires, Nueva visión.

Cuvillier, A. (1973) Introducción a la Sociología. Buenos Aires, Editorial la Pleyade.

Giddens, A. (19999 Un mundo desbocado. Madrid, Taurus.

Horkheimer, M. (2003) Teoría crítica. Buenos Aires, Amorrortu Editores.

Hurtado, S. (1999) La sociedad tomada por la familia. Caracas, Ediciones UCV.

Nietzsche, F. (1999) La Gaya Ciencia. Caracas, Monte Ávila Editores.

Parsons, T. (1968) La estructura de la acción social. Madrid, Editorial Guadarrama.

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