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Socióloga Esther Pineda G

estherpinedag@gmail.com

 

Si bien es cierto que han sido múltiples y diversos los motivos atribuidos a la emergencia del Día Internacional de la Mujer conmemorado cada 8 de marzo, es posible afirmar que las razones para su establecimiento refieren de manera univoca a las demandas de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos.

 

Entre las iniciativas previas a la declaración del 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer, que tuvieron como naturaleza convocar a las mujeres para debatir su situación en la forma de organización social, es posible identificar el 28 de febrero de 1909 en Estados Unidos de Norteamérica, donde por primera vez se celebró el Día de las mujeres socialistas.

 

En agosto del año 1910, tuvo lugar la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas donde participaron más de 100 mujeres de 17 países,  espacio en el cual se reiteraron las demandas de las mujeres, entre ellas: el sufragio universal, la formación profesional, el derecho al trabajo, la posibilidad de acceder a cargos de toma de decisiones, entre otros.

 

Posteriormente, durante el Congreso Internacional de Mujeres celebrado en Copenhague, se aprobó la propuesta de las mujeres comunistas lideradas por Clara Zetkin, en la cual se proclamó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como mecanismo de lucha por la validación, reconocimiento y vindicación de la mujer proletaria.

 

De este modo, la primera conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora tuvo lugar el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca, suiza, extendiendo su conmemoración desde entonces a numerosos países.

 

Pero el Día Internacional de la Mujer, celebrado cada 8 de marzo, también lo han ubicado como fecha conmemorativa del fatídico episodio en el que de acuerdo con algunas versiones el 25 de marzo de 1911, 129 mujeres o 146 mujeres inmigrantes perecieron en un incendio generado por su explotadores cuando protestaban por sus derechos laborales.

 

Ahora bien, sea cual fuere la razón que motivó su emergencia e instauración, en 1977 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ONU, proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, hecho con el cual si bien se le otorgó legitimidad e institucionalidad, también contribuyó a la supresión e invisibilización de la mujer trabajadora.

 

En la actualidad, el tratamiento y alcance del Día Internacional de la Mujer, ha sido progresivamente apropiado por el sistema, sus motivos y objetivos tergiversados, su origen invisibilizado y sus protagonistas desplazadas. El Día de la Mujer ha sido vaciado de sentido, apropiado por la ideología patriarcal, comercializado por el sistema capitalista; siendo este proceso pasivamente asistido y presenciado por el feminismo.

 

El Día de la Mujer ha sido reducido a una celebración caracterizada por la emisión de felicitaciones de los hombres hacia las mujeres y de las mujeres entre sí por el hecho de “ser mujer”, aunado a manifestaciones y expresiones de afecto, detalles, regalos y presentes; trivializado, comercializado, al igual que el “día de las madres” y el “día del amor y la amistad”, días definidos como “femeninos” por su carga afectiva y emocional, siendo además consolidados en el imaginario social como reproductores y hacedores de los prejuicios y estereotipos tradicionalmente atribuidos a la mujer.

 

Se ha desarticulado el sentido de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, se ha desprovisto de su condición crítica, revolucionaria, transformadora y demandante de las condiciones de las mujeres, ha sido trivializado, usurpado y comercializado por el mercado capitalista.

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