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Resultan desconcertantes las recientes afirmaciones realizadas por miembros de la alta jerarquía de la iglesia católica y publicadas en los órganos de difusión asociadas al Vaticano como lo son “La Civilta Cattolica” y el “Observatore Romano” en lo que refiere la condición, estima y aprobación del dibujo animadoLos Simpsons; al cual se refieren como “programa para niños” donde según éstos se hacen innegables las recurrentes manifestaciones de fe cristiana,  específicamente inscrita en las arcas del catolicismo.

Sin embargo ésta repentina aprobación o “bendición” de la iglesia a la serie animada no parece azarosa, particularmente en la coyuntura actual, en la cual, la iglesia se enfrenta a una oleada de denuncias y litigios producto de delitos perpetrados, permisados y encubiertos por el clero, fundamentalmente aquellos identificados como delitos sexuales contra niños, niñas, adolescentes y mujeres, es decir, un significativo prontuario de pederasta y violencia sexual contra la mujer; los cuales se han caracterizado por la impunidad gracias al goce de privilegios no solo de orden económico y político de los que goza la iglesia católica sino también aquellos de carácter jurídico.

Siendo entonces éste modo organizacional, su estructura jerárquica, derechista, misógina y homofóbica los que han contribuido significativamente en las últimas décadas a un rechazo, ruptura y desencanto de la sociedad con respecto al carácter institucional de la religión, haciendo mayor énfasis en la iglesia católica.

No obstante, en éste reciente artículo denominado “Homer y Bart son católicos”y publicado por éstos medios de difusión vinculados al vaticano (a los cuales además hay que pagar para acceder a su lectura), se afirmó la existencia un “catolicismo militante” en la serie, pese a la por ellos llamada critica sutil, así mismo, consideran que aunque “pocas personas lo saben, y el hace todo por ocultarlo. La verdad es que Homero J. Simpson es católico”.

Esta afirmación seria hecha pese a la negativa de los productores y de la manifiesta y evidente pertenencia de la familia Simpsons y de gran parte de los habitantes de la ciudad de Springfield a la comunidad religiosa cristiana protestante, anglosajona y presbiluterana, la cual es además frecuentemente blanco de críticas y satirización, al representársela al igual que las diversas manifestaciones mítico-religiosas que se hacen presentes en éstos dibujos animados como instituciones decadentes, viciadas, al servicio de las élites y cuya normatividad se presenta como anacrónica.

El argumento en que éstos eclesiásticos apoyan sus argumentos son las infrecuentes y forzadas oportunidades en que ésta familia realiza plegarias antes de la ingesta de alimentos (lo cual según el mencionado escrito basta para considerarlos buenos católicos), sin embargo, éstas oraciones se expresan así:“Querido dios, como ésta cena la hemos pagado nosotros, gracias por nada” (Bart Simpson).

Además de ello, han de considerar como signos de catolicismo ilustrado en los Simpsons, las referencias e interrogantes sobre dios, el pecado, “hoy en día todo es tan caro; por ejemplo mira ésta biblia, todo el mundo es pecador menos el que la escribió” (Homero) y el más allá, “¡No soy un mal tipo!, trabajo duro y quiero a mis hijos. Entonces, ¿porque tengo que pasarme medio domingo escuchando como voy a ir al infierno?” (Homero).

Finalmente, el elemento clave sobre el cual han de fundamentarse las aseveraciones sobre el pretendido catolicismo de la familia animada, será un único episodio en el cual Bart Simpson es inscrito en un colegio católico tras haber sido expulsado de la escuela, consecuencia de sus constantes actos vandálicos y la imposibilidad de hallar cupo en otra institución educativa. Tras el ingreso del miembro más problemático de la familia Simpson a éste colegio y los afanosos intentos por parte de los representantes de la iglesia católica por atraer a toda la familia hacia ésta religión, la situación concluye en un intento frustrado, al igual que todas aquellas oportunidades en las que los Simpsons a lo largo de sus 21 años de ininterrumpida transmisión en la televisión, han coqueteado con diversas religiones, sectas y organizaciones; entre las cuales podemos mencionar el judaísmo, el budismo, el hinduismo, los maggios, los movimentarios, sin obviar además los referidos pactos con el diablo y la reconocida y manifiesta herejía.

¿La iglesia católica ha disminuido entonces sus niveles de exigencia? ¿Bastan las plegarias para ser considerados(as) buenos(as) católicos(as)? La historia parece demostrarnos otra serie de eventos y valoraciones; apelar a la presencia de deidades en los Simpsons como símbolo de catolicismo puede percibirse como un acto reductivo y castrante de la diversidad manifiesta en la serie con frases como:“Jebús, Alá, Buda, los quiero a todos, ¡Sálvenme!” (Homero)

Si bien, en los Simpsons hay una significativa comparecencia de criterios normativos del bien y mal, lo sagrado y lo profano, no es éste un catolicismo solapado, por el contrario, se estructuran con frecuencia como visibilizadores de la in crecente desinstitucionalización y decadencia eclesiástica, “Hoy estoy teniendo el mejor día de mi vida, y ¡Todo se lo debo a no ir a la iglesia!” (Homero)

Los simpsons NO SON CATÓLICOS, lo cual se ha hecho explicito a lo largo de la serie, (Al salir de la iglesia) “-Bart: Muero de hambre! ¿Mamá, podemos volvernos católicos para recibir las hostias y el vino? –Marge: NO!!! NADIE SE HARÁ CATÓLICO, tres hijos son suficientes.” (Los Simpsons, Episodio num. 7, temporada 10)

Los Simpsons muy lejos de ser un ejemplo de fe, por el contrario son todo lo que la iglesia condena y rechaza, de esto no debe caber dudas; la serie muestra como elementos constituyentes de su realidad social el alcoholismo, el consumo de estupefacientes, la pedofilia, el hurto, la agresión física y verbal, la homosexualidad, la anticoncepción, la infidelidad, el divorcio, la sexualidad, la ciencia, todas éstas vigorosamente condenadas por la iglesia en nuestras sociedades modernas.

Será por ello que la bendición otorgada por parte de la iglesia católica a la serie de mayor duración, aceptación y adhesión en la televisión, puede concebirse como producto de un exhaustivo estudio de mercado, como un desesperado intento ligado a la acuciante necesidad de recuperación del respeto, reconocimiento e institucionalidad perdida producto de las transgresiones cometidas por la iglesia católica.

Es decir, los Simpsons se instituyen como salvavidas, como alternativa y mecanismo reconstructivo de la imagen de la iglesia católica, como reclutador de feligreses frente a los ojos acusadores de la sociedad; sin embargo, los discursos expresados por éstos personajes continúan presentándose como declaración y reflejo de un ateismo colectivizado, característico del ser social racional moderno, “normalmente no rezo, pero si estas ahí, por favor, sálvame Superman” (Homero Simpson).

 

Socióloga Esther Pineda G.

estherpinedag@gmail.com

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