El hecho de haber pospuesto recientemente las discusiones en el parlamento sobre la Ley Orgánica para la Equidad e Igualdad de Género, como asi mismo, la supresión de aquellos articulos que explícitamente respondieran al reconocimiento jurídico de la diversidad sexo/afectiva, la identidad sexual y social de los colectivos GLTB (Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales), como también la contemplación del ejercicio de la maternidad como una posibilidad y no como una obligación, puede entenderse como una fría bofetada en el rostro históricamente vulnerado del género, perpetrada por la mano prejuiciosa del patriarcado en nuestra sociedad Venezolana.

Este hecho resulta vergonzoso y visibiliza la aún persistente debilidad, influenciabilidad y dependencia de nuestras instituciones políticas; donde en pretendidos tiempos de cambio, siguen predominando e interviniendo los criterios de aquellos sectores conservaduristas y falocráticos como la iglesia, a su vez coadyuvada por la herencia militar exacerbadora de la masculinidad.

Estos sectores de la sociedad, en intransigente oposición a la promulgación de la ley, y en consecuencia, opuestos a la validación de asociaciones de convivencia entre personas del mismo sexo, el reconocimiento jurídico de los y las transexuales y la despenalización del aborto, apelan y fundamentan su desacuerdo en airadas argumentaciones religiosas; olvidando que la ley y el marco jurídico es laico y su jurisdicción no debe responder a criterios mítico/religiosos.

Es una perversión, una degeneración, alegan los moralistas; ahora bien, ¿no es una perversión del sistema una sociedad en la que anualmente un gran índice de individuos pertenecientes a los colectivos GLTB son victimas de la violencia homofóbica, violencia directa e indirecta, manifiesta y ejercida en la exclusión, invisibilización, estigmatización, violencia física, verbal, psicológica, sexual, llegando incluso al homicidio?

¿No es un desviacionismo el hecho de que anualmente mueran miles de mujeres a causa de practicas de interrupción del embarazo en condiciones inseguras e insalubres, consecuencia de una sociedad patriarcal que sobre-estimula y obliga a la mujer al ejercicio de la maternidad?

Estos hechos en su generalidad son la manifestación de una sociopatía, un llamado de atención, el momento para el definitivo deslastre de las instituciones jurídico-políticas del país con respecto a los vestigios del conservadurismo patriarcal aún persistentes.

Esther Pineda G.

estherpinedag@gmail.com

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