El feminismo, como teoría política, como un conjunto de movimientos, doctrinas e ideas, si bien se hace presente a partir del siglo XV no es sino hasta finales del siglo XVIII que adopta formalmente una lógica política, más allá de una simple especulación filosófica y critica al sistema social en la polémica oleada de pensamientos y tradición literaria sobre la condición, naturaleza y valor de la mujer desarrollada en siglos anteriores conocida como “querella de las mujeres”.

El feminismo emerge durante la Ilustración Europea, es en el siglo de las luces cuando toma su primer gran impulso; en el contexto de ese siglo polémico, de cambios y de contradicciones, del renacer de la razón, de la emergencia de nuevos modelos políticos, económicos, culturales, artísticos y científicos, donde se inaugura e intenta introducir como principios políticos la igualdad de ingenio y trato para las mujeres como respuesta, y rechazo al reconocimiento y practicas político-jurídicas estatuidas por los hombres, para los hombres durante el siglo XVIII y XIX; a partir de las modificaciones y progresos sociales alcanzados a partir de las revoluciones socio-políticas de este periodo.

Las mujeres tras haber visto frustrados sus intentos de participación directa en dichos procesos revolucionarios y pos revolucionarios de formación política, y socio-cultural, como asi mismo la toma de conciencia por parte de las mujeres de su situación de enajenadas, rezagadas, cuya ausencia de reconocimiento y exclusión social mantenida, pese a las nuevas estructuras sociales tendría más impacto dado que negó su derecho a la igualdad en una sociedad que pretendía basarse en la justicia.

Los valores de la ilustración, y de los movimientos revolucionarios si bien habrían de fundarse en la “igualdad, fraternidad y libertad” definidas y estatuidas como derechos “naturales e imprescriptibles” no estarían incluidas en ellos las mujeres; se mantuvieron las antiguas tradiciones que promulgaban la inferioridad física, intelectual, y ética de las mujeres, incluso entre aquellos que defendían un cierto acceso de las mismas a la producción cultural. “La costumbre bárbara de dar a las mujeres una crianza mezquina se ha generalizado entre nosotros, y se ha mantenido hasta el extremo que se cree en realidad… que las mujeres no están dotadas del mismo raciocinio que los hombres” (Bathsu Pell Makin)

Jean Jacob Rousseau, máximo exponente de la tradición intelectual del iluminismo, cuyos ideales de la política democrática y formación de la republica hasta nuestros albores han sido mantenidos, ha de poner sin embargo en evidencia “la cara oscura del siglo de las luces”.Su propuesta teórico-política se fundamentó en la desigualdad “En lo que se relaciona con el sexo la mujer es igual al hombre: tiene los mismos órganos, las mismas necesidades y las mismas facultades; la máquina tiene la misma construcción, son las mismas piezas y actúan de la misma forma… En lo que se refiere al sexo se hallan siempre relaciones entre la mujer y el varón y siempre se encuentran diferencias… Estas relaciones y diferencias deben ejercer influencia en lo moral. Consecuencia palpable, conforme a la experiencia, y que pone de manifiesto la vanidad de las disputas acerca de la preeminencia o igualdad de los sexos… En lo que existe de común entre ellos, son iguales, pero en lo diferente no son comparables. Se deben parecer tan poco un hombre y una mujer perfectos en el entendimiento como en el rostro… El uno debe ser activo y fuerte, el otro pasivo y débil. Es indispensable que el uno quiera y pueda y es suficiente con que el otro oponga poca resistencia.

Establecido este principio, se deduce que el destino especial de la mujer consiste en agradar al hombre. El mérito del varón consiste en su poder, y sólo por ser fuerte agrada”. (J.J. Rousseau. “El Emilio”.) Una igualdad social promulgada y reservada a los varones, y cimentada sobre la preponderancia de estos sobre las mujeres. “las buenas instituciones sociales son aquellas que poseen el medio de desnaturalizar al individuo, quitarle su existencia y reemplazarla por una relativa” (J.J. Rousseau. “El Emilio”.) En la lógica roussoniana la mujer es concebida como carente, deficitaria, en un estado perenne de infancia, por lo cual no ha ni debe ser abandonada a su suerte, “por ley natural, las mujeres, tanto por si como por sus hijos, están a merced de los hombres”. (J.J. Rousseau. “El Emilio”.) A quienes les son obligación la honra, el atractivo de la vida domestica, la maternidad, el mantenimiento de la reputación y la castidad, como patrones conductuales que han de responder “a la constitución de su sexo y su especie con el fin de ocupar el puesto adecuado en el orden físico y moral” (J.J. Rousseau. “El Emilio”.)

La mujer entendida como pueril, irresponsable, negligente, “esas dulces madres que se desprenden de sus hijos para vivir alegremente las diversiones de la villa, ¿saben que tratamiento reciben sus hijos en la aldea?” (J.J. Rousseau. “El Emilio”.) Cuya tendencia natural de la mujer desde esta lógica interpretativa esta orientada al individualismo, “no contentas con haber dejado de amamantar a sus hijos, las mujeres ya no quieren en adelante concebir y la consecuencia es natural. Tan pronto como es fatigoso el estado de madre se encuentra el modo de librarse de el” (J.J. Rousseau. “El Emilio”.) La mujer a quien le deben ser negados y supeditadas toda esfera del ejercicio de derechos, educación “ni el hombre ni la mujer están ni deben estar constituidos del mismo modo en lo que respecta al carácter y al temperamento, se infiere que no se les debe dar la misma educación”

“¿Debe ser educada en la ignorancia de todas las cosas y limitada únicamente a las funciones caseras? ¿El hombre debe hacer de su compañera una sirvienta? ¿Le debe impedir que sienta y conozca nada con el fin de poderla esclavizar mejor? Sin duda que no. Debe aprender muchas cosas, pero solo lo que conviene que sepan” (J.J. Rousseau. “El Emilio”.) Participación política, ciudadanía y libertad, a quien las instituciones sociales y políticas deben centrar en pro del mantenimiento de la familia, “cuanto más se aleje la familia de la unidad mas deben las leyes centralizarla, cuanto mayor sea la diversidad de intereses, mas importa reducirlos a un interés común”. (Charles Montesquieu, “El Espíritu de la Leyes”) y cuyo ideal de sociedad se funda en una república en la cual cada varón es jefe de familia y ciudadano; en la cual los individuos desde la propuesta roussoniana han de tener un carácter y función demográfica destacable, en la cual la mujer debe parir frecuentemente evitando intervalos largos, para poblar las ciudades; su destino es estar siempre embarazada, la feminidad asociada y entendida exclusivamente a partir de la naturaleza, es decir una función netamente biológica, como asi mismo el hombre debe producir hombres a la especie y ciudadanos al estado, el hombre como productor de cultura, hacedor de seres políticos.

Es asi como La formación política, intelectual y práctica de la humanidad se presenta como una producción androcentrica y misógina, el feminismo se estructura entonces en respuesta a esta concepción ideológica sobre la mujer, como un intento de reivindicar a la paridad política y jurídica completa de la mujer con respecto a los hombres. “Lo que queremos para las mujeres es la igualdad de derechos, igualdad de privilegios sociales, no una situación diferente, una especie de sacerdocio sentimental” (Harriet Taylor, Mill. “Ensayo sobre el Sufragio de las Mujeres”.) El feminismo se diferencia de esta tópica discursiva de forma radical, es un pensamiento político típicamente ilustrado, como la más grande y profunda corrección al primitivo democratismo sectarista. “Habéis devuelto al hombre la dignidad de su ser al reconocer sus derechos; no debéis permitir que la mujer siga sufriendo bajo una autoridad arbitraria” (Etta Palm D`Aelders)

Ahora bien, específicamente en el caso de la propuesta teórica feminista de Mary Wollstonecraft, en su texto “Vindicación de los Derechos de la Mujer”, se constituyo como respuesta, critica y rechazo a los criterios y argumentos de los intelectuales iluministas que fuesen usados como instrumento de descrédito, mitificación, subordinación y condicionamiento de la mujer, sus roles y estatus socio-político, específicamente dirigido a cuestionar la postura roussoniana, propuesta en el texto “el Emilio” antes expuesto.
Rousseau: “Educad a las mujeres como a los hombres y cuanto más se parezca a nuestro sexo, menos poder tendrán sobre nosotros”
Mary Wollstonecraft, Respuesta al Emilio: “Esto es exactamente lo que pretendo. No deseo que tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”.

Mary Wollstonecraft hace una critica a la formación societal de tipo patriarcal de nuestras sociedades, arguyendo que “la civilización que ha tomado hasta ahora lugar en el mundo entero ha sido muy parcial” (Mary, Wollstonecraft. “Vindicación de los Derechos de la Mujer”); rechaza categóricamente, cualquier argumento que defienda y apele al mantenimiento de la diferenciación sexo-genérica que definió, categorizó e institucionalizó la identidad social masculina a través de lo publico (mundo de la razón) y la femenina a través de lo privado (mundo del amor, de los sentimientos, de la moralidad, que quedaban al margen de la razón) “los hombres tratan de asegurar la buena conducta de la mujer intentando mantenerles siempre en un estado de niñez” “desean persuadir a las mujeres en su intento de adquirir fortaleza, de la mente y cuerpo, para convencerles de frases blandas, susceptibilidad del corazón, delicadeza de sentimiento y refinación del sabor” (Mary, Wollstonecraft. “Vindicación de los Derechos de la Mujer”)

Es en esta segmentarización de las practicas y condiciones “intrínsecas y naturales” atribuidas a los géneros donde Wollstonecraft concibe la génesis de la desigualdad social y en su promoción y mantenimiento una propensión a tiranizar la relación entre los sexo. “la perfección de nuestra naturaleza se debe estimar por el grado de razón, virtud y conocimiento que distingue al individuo, y dirija las leyes que atan a la sociedad, el ejercicio de razón, conocimiento y virtud es innegable si la humanidad es mirada colectivamente” (Mary, Wollstonecraft. “Vindicación de los Derechos de la Mujer”) sin distinciones de genero. Propone e introduce en el ámbito político e intelectual el debate sobre una organización social, política, jurídica y educativa inclusiva e incluyente, “la educación ideal es aquella que permita el ejercicio independiente de la razón, esta era la opinión de Rousseau respecto a los hombres, yo lo extiendo a las mujeres” (Mary, Wollstonecraft. “Vindicación de los Derechos de la Mujer”)

Critica la naturalización de la adjudicada inferioridad de la mujer, y propone que sean derribadas las paredes de las construcciones ideológicas, estereotípicas y arbitrarias sedimentadas en la conciencia social y fijadas por la costumbre a través de practicas, discursos y valores socio-culturales “pero si las mujeres deben ser excluidas sin tener voz ni participación en los derechos naturales de la humanidad, demostrad primero, para asi refutar la acusación de injusticia y falta de lógica, que ellas están desprovistas de inteligencia, si no, pondrá de manifiesto que el hombre se comporta inevitablemente como un tirano”. (Mary, Wollstonecraft. “Vindicación de los Derechos de la Mujer”)

No obstante, aboga por la revisión de los prejuicios y convenciones sociales, “ya es hora de que se haga una revolución de las costumbres femeninas, ya es hora de devolver a las mujeres su dignidad perdida y que contribuyan en tanto que miembros de la especie humana a la reforma del mundo cambiando ellas mismas” (Mary, Wollstonecraft. “Vindicación de los Derechos de la Mujer”) apela a la redefinición de las consideraciones políticas de la mujer, en una exigencia de modificación de las estructuras que permitan su participación en asuntos políticos-públicos “pienso realmente que las mujeres han de tener representantes en lugar de ser gobernadas arbitrariamente, sin poder tener participación en las deliberaciones de gobierno”. (Mary, Wollstonecraft. “Vindicación de los Derechos de la Mujer”)
Es asi, como el feminismo se ha presentado como el hijo no deseado de la historia, como el principal enemigo de la institución patriarcal, más específicamente en aquel periodo, que supuso la toma de conciencia de las mujeres como clase social y la ruptura con la tradición; el debate aún no termina, y auque vedadas las desigualdades de genero persisten en las instituciones social hasta nuestros momentos.

Esther Pineda G.

estherpinedag@gmail.com

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