A propósito de la reciente aprobación y entrada en vigencia del estatuto para la igualdad racial en Brasil, se hace pertinente la reflexión sobre este hecho. En Venezuela no somos ajenos a dicha realidad social, dado que más allá de la proximidad territorial con Brasil también compartimos estrechamente una historia de exclusión, sin embargo, parece no haber tenido ningún impacto ni generado discusión ésta ley aprobada en el vecino país. ¿Por qué?

En América Latina, se ha hecho frecuente pensar que los negros son los otros, no nosotros, hemos estado demasiado ocupados intentando blanquear a nuestros paises, de limpiar nuestra sangre de la tragedia africana, tanto, que no nos hemos percatado de cómo las leyes continúan socavando nuestra unidad como pueblos y nuestras oportunidades.

Los gobiernos de derecha tradicionalmente al servicio de los intereses de clases y por tanto de raza, promovieron y recibieron gran influjo de extranjeros, preferiblemente blancos, sin restricción alguna; en el caso de Venezuela fundamentalmente durante el gobierno de Pérez Jiménez, en Brasil hasta 1930 cuando Getulio Vargas decide implementar medidas de control y limitación de la entrada de extranjeros al país, no obstante, en otros países algunos gobernantes tuvieron otros métodos de blanqueamiento, entre ellos podemos mencionar Argentina, durante el gobierno de Domingo Sarmiento quien apeló al reclutamiento intencionalmente desproporcionado de negros para ser enviados a la guerra del Paraguay o guerra de la triple alianza lo cual contribuyó al aparente “exterminio” de la población negra en Argentina. “¿qué se hace con esta raza negra odiada por la raza blanca?” (…) “He aquí un nudo gordiano que la espada no puede cortar y que llena de sombras lúgubres el porvenir tan claro y radioso sin eso de la Unión Americana. Ni avanzar ni retroceder pueden; y mientras tanto la raza negra pulula, se desenvuelve, se civiliza y crece. ¡Una guerra de razas para dentro de un siglo, guerra de exterminio, o una nación negra atrasada y vil, al lado de otra blanca, la mas poderosa y culta de la tierra!” Domingo F. Sarmiento (1886)

En Republica Dominicana, bajo la dictadura de Rafael Trujillo se procedió a la aniquilación masiva de negros, principalmente de ascendencia Haitiana residentes en el país “hemos comenzado ya a remediar la situación. Trescientos haitianos son muertos ahora en Bánica. Este remedio continuará” Rafael Trujillo, (1937)

Así, a lo largo y ancho de toda América Latina y el Caribe se nos presenta a la población afrodescendiente como minoritaria; según datos proporcionados por el IBGE en Brasil 49,7% de la población es mayoritariamente blanca, un 42,1% lo constituyen mestizos, zambos, y mulatos, un 7,4% de negros, y apenas un 0,3% de población indígena, sin embargo, en la mayoría de estos países aún carecemos de mecanismos e indicadores que nos permitan aproximarnos a cifras fidedignas sobre la población afrodescendientes, entre ellos podemos considerar Venezuela, Ecuador, México, Argentina, Bolivia.

Es decir, se han institucionalizado instrumentos de invisibilización, exclusión y negación del racismo en América Latina; por ello, no es azaroso que la redacción del estatuto para la igualdad racial recientemente aprobado en Brasil que suprimió las cuotas raciales que otorgaban oportunidades de acceso a instituciones laborales y educativas a personas negras en un 20%, y que excluyó del lenguaje del texto palabras tales como racismo y desigualdad racial estuviese a cargo del senador derechista Demóstenes Torres, considerado uno de los personajes más influyentes del país, fundamentalmente por su militancia en las filas del partido demócrata (DEM) otrora denominado partido del frente liberal (PFL) el cual apoyase de la mano de EE.UU. la dictadura militar instaurada en 1964 hasta 1985.

Demóstenes como buen derechista afirma que mantener una ley de cuotas podría crear controversia y división, ahora bien, ¿más división que la generada por una política derechista históricamente excluyente? ¿Política en cuyo seno apenas 2% de la población afro tenia acceso a la educación superior y la cual incremento en los últimos años a un 12,5% gracias al sistema de cuotas? Según el senador, el estatuto “pretende dar atención a la población más pobre, independientemente de que sean negros, blancos o indios”, sin embargo, parece no haberse percatado de que en Brasil más de la mitad de los pobres son negros, y al menos 3 tercios de la población de las favelas es afrobrasileña.

¿Hasta cuando fingiremos que la pobreza no tiene que ver con el color de piel?

No podemos evadir una realidad social en la cual las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales han sido históricamente racializadas. Producto del secuestro y movilización forzosa del pueblo africano hacia nuestro continente, con lo cual se preconfiguró su destino al ingresar como clase social descalificada y donde se naturalizaría su maltrato, exclusión y rechazo, en una organización social piramidal donde la cúspide es blanca y se oscurece hacia la base. Por tanto, la población más oscura con frecuencia es la más empobrecida y expuesta a situaciones de riesgo, en Colombia por ejemplo, 1,8 millones de los desplazados por el conflicto armado son afrodescendientes.

La política racial de Demóstenes estará orientada a garantizar la continuidad de una política excluyente, invisibilizadora de la desigualdad racial existente en el país, pero además, como garante de la continuidad de un racismo cordial el cual puede realizarse eficientemente al filtrarse a través del mito de la armonía racial.

No obstante, para el Presidente Lula, este estatuto de igualdad racial garantizará que desde ahora en el país “no exista ninguna diferencia entre blancos y negros”, sin embargo, ¿no es algo ingenua dicha concepción del presidente sobre un estatuto realizado por uno de los principales partidos de oposición a su gobierno? Parece por el contrario un golpe bajo, un mecanismo generador de descontento en la población de un país donde un 50,6% se reconocen como negros según datos del instituto brasileño de geografía y estadística, y en el cual, posterior a la aprobación del estatuto se han generado manifestaciones de inconformidad, argumentando que el mismo no se corresponde a la propuesta original y derivó en un producto estéril a las necesidades de la comunidad afrobrasileña.

Este hecho en su conjunto es un reflejo no solo de la realidad de las comunidades negras en Brasil, pone en evidencia la situación de los afrodescendientes en toda América Latina. Y así seguimos, viviendo en el continente más diverso, pero también en el que no tolera la diferencia,  en la América de todos, pero en la que no somos nadie, donde todos se conocen pero en cuyo mismo lugar nos han invisibilizado…

Socióloga Esther Pineda G

estherpinedag@gmail.com

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